MEXICO — México se prepara para un segundo brote de gripe porcina con la llegada del invierno boreal y analiza lo que funcionó y lo que no en la primavera pasada, cuando suspendió todo, desde las salidas a comer hasta las clases, en un esfuerzo por controlar el virus.
El resto del mundo también observa de cerca la experiencia mexicana, tratando de ver qué medidas replicar y cuáles evitar.
Entre las cosas que funcionaron: las campañas para concientizar a la gente, los diagnósticos y el tratamiento rápidos, y una obsesión con el lavado de manos.
Lo que no funcionó: Suspensión de viajes, cierre de escuelas, excesivo uso de antibióticos y las mascarillas que se enredaban con el cabello, se deslizaban constantemente y ocultaban las sonrisas.
Cuando estalló el brote de gripe porcina en México, en abril de este año, el gobierno prefirió pecar por un exceso de cautela y ordenó el cierre de escuelas y museos, prohibió las concentraciones públicas, hizo jugar los partidos de fútbol en estadios vacíos y le dijo a la gente que no se diese la mano ni se saludase con besos en las mejillas. Esta vital ciudad de 18 millones de habitantes se transformó en un hueco insulso.
Las autoridades sanitarias afirman que obraron bien.
"Fuimos el primer país afectado y no sabíamos la magnitud que tendría el problema; tomamos medidas adecuadas que ahora pueden ser mejor enfocadas", afirmó Pablo Kuri, asesor especial sobre la gripe porcina de la Secretaría de Salud.
La medida más efectiva, imitada en el resto del mundo, probablemente fue el alertar a la ciudadanía apenas se detectó el virus.