La presidente de Chile Michelle Bachelet, derecha, observa cientos de objetos robados por saqueadores y que fueron recuperados por la policía y exhibidos a la mandataria en Concepcion, Chile, el domingo 7 de marzo de 2010.
deberían ser de cárcel.
Arán Fuentes, de 48 años, guardia de la Municipalidad de Concepción, dijo a la AP que "quedamos por el suelo (desprestigiados). Después de lo que hicimos por otros países, ahora mostrarnos como saqueadores al extranjero da mucha pena".
El gobierno montó un gigantesco programa de ayuda llevando alimentos, medicinas y productos esenciales a las zonas afectadas por el terremoto, que estremeció a una franja de unos 500 kilómetros del angosto territorio chileno, arrasando poblados enteros, especialmente en la costa, y causando graves daños en otros lugares.
La ministra de Vivienda, Patricia Poblete, calculó que 500.000 viviendas sufrieron daños graves, pero la cifra podría triplicarse.
El gobierno montó un gigantesco plan de entrega de ayuda de alimentos, medicinas y otros esenciales, pero aún continuaban las quejas desde algunos sectores que todavía no han sido beneficiados. La ayuda incluye contribuciones de gobiernos extranjeros.
A media tarde se dejó caer una fuerte lluvia —la primera después del terremoto— que empezó a declinar una hora después, aunque especialistas de meteorología dijeron que las precipitaciones se intensificarían, para declinar al anochecer y desaparecer el lunes, cuando debería quedar despejado.
La lluvia y el frío intensifican el drama que viven centenares de familias que perdieron sus casas y están viviendo en carpas, en la calle, desde el 27 de febrero.
La lluvia aumentó las penurias de los damnificados, muchos de los cuales ni siquiera tienen un saco de dormir y pasan las noches envueltos en una frazada. Algunos prenden fogatas para cocinar algunos alimentos —si tienen_, para alumbrarse y, ahora, para calentarse.
En el aeropuerto de Concepción la actividad era incesante. Aviones, incluyendo uno de Colombia, y helicópteros
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